Correr a ciegas no es lo mismo que cerrar los ojos y correr

Ante la creciente complejidad del mundo y la dificultad por definir escenarios y prever cambios, la dirección estratégica se complica y se ve obligada a cambiar.

Los viejos paradigmas del primer mundo industrial ya no sirven porque la disrupción está al doblar la esquina, sea cual sea nuestro sector.

Uno/a puede tener la sensación de correr a ciegas sobre un tablero de juego que muta a velocidad de vertigo sin aviso previo. Y, en muchos casos, así es. ¡Seamos o no conscientes de ello!

Por eso, y aunque suene paradójico, creemos que es el momento de cerrar los ojos y correr.

Cuando cerramos los ojos realizamos un proceso de introspección que nos conduce a un mayor autoconocimiento. Conectamos con nuestras fortalezas, nos concentramos en nuestros objetivos y canalizamos toda nuestra energía hacia ellos. Además, agudizamos el resto de sentidos al aislarnos de una infoxicación visual que, en momentos de caos, no nos aporta información fiable alguna.

Es tiempo de insights intuitivos leídos entre líneas a toda velocidad, de ensayo y «fast fail», de aprendizaje y rápida reacción.

Por mucho que pueda pesarnos a los históricos analistas de mercado, el ayer ya no es una pista fiable del mañana. Lo son más nuestras capacidades, que sí son objetivamente cuantificables. Concentrémonos en ellas para pivotar ágilmente y con garantías nuestro modelo de negocio en función de las fascinantes realidades a las que nos veamos expuestos/as.

Comparte!

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on whatsapp